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Regenbogen,
la capitulación y los tesoros de los U-Boote

El 3 de mayo Dönitz
se trasladaba a Mürwik y el día 4, mientras Friedeburg
firmaba la capitulación parcial (de las fuerzas alemanas
en el norte y oeste de Europa), a las 15,14 horas, por imposición
de los aliados, Dönitz suspendió la consigna Regenbogen
y ordenó el fin de las hostilidades, enviando un último
mensaje a los submarinistas, en el que les pedía que se entregaran
a su adversario: "habéis luchado como leones. Una opresiva
prepotencia material nos ha reducido a un estrechísimo espacio:
desde las bases que nos quedan es imposible seguir la lucha".
Los caídos han pagado con su vida "su fidelidad al Führer
y a la patria. Conservad vuestro espíritu de submarinistas.
¡Viva Alemania! Vuestro capitán general".
Autores como Blair dudan aún hoy día de que existiera
la citada consigna Regenbogen ("arco iris") para hundir
los U-Boote. Para un oficial de la Kriegsmarine, evitar que su barco
cayera en manos del enemigo era cuestión de honor (como bien
pudieron comprobar los británicos en Scapa Flow tras la primera
guerra mundial). En Wilhelmshaven, el OlzS Ferdinand Graf von Arco
-según nos ha relatado personalmente- decidió por
su cuenta junto con otros comandantes inutilizar su submarino (U
151, IID) antes de que llegaran los británicos. Por este
motivo, uno de los jefes de su flotilla, a quien Arco define como
un nazi que creía que aún era posible aliarse con
los occidentales contra los soviéticos y usar de nuevo los
U-Boote, le amenazó con un juicio y la pena de muerte (este
jefe no tiene por qué ser necesariamente Carl Emmermann,
que estaba al mando de la 31ª flotilla). Finalmente, Arco y
los demás comandantes hundieron sus submarinos el mismo 2
de mayo en que los británicos llegaban a Wilhelmshaven. No
hacía falta, pues, la consigna Regenbogen, pero sí
existió, aunque no la ordenó Dönitz: un grupo
de comandantes visitó su cuartel general, pero no fue recibido
por Dönitz, sino por uno de sus ayudantes, quien les dijo que,
como jefe del Estado, Dönitz tenía la obligación
de negociar, pero que él (el ayudante) sabría lo que
debía hacer como comandante de un buque de la Kriegsmarine.
Esta explicación fue suficiente para que se transmitiera
la consigna. Willibald Ulbing (comandante del U 2347, XXIII) fue
-como también nos ha relatado- uno de los que la recibió
y la puso por obra el 5 de mayo: de hecho, un radio trató
de hacerle llegar la contraorden de Dönitz cuando ya era demasiado
tarde. El U 2540 (XXI), alistado el 24 de febrero, pero que no llegó
a entrar en combate, fue hundido por su tripulación el 4
de mayo junto al buque faro de Flensburg. Reflotado en 1957, fue
puesto en servicio con el nombre U-Wilhelm Bauer el 1 de
septiembre de 1960. En 1984 pasó a formar parte del Deutsches
Schiffahrtsmuseum de Bremerhaven.

El 15 de mayo de
1945, el destructor norteamericano USS Sutton detenía al
U 234 (IXB, Kl Johann-Heinrich Fehler), que había salido
de Noruega el 16 de abril con destino a Japón. Llevaba un
caza Me 262 desmontado más dos ingenieros capaces de volverlo
a montar, piezas de turbinas, material óptico -incluidas
100 cámaras Leica-, modernas armas anticarro y sobre todo
560 kilos de óxido de Uranio/U 235 -el número no designa
ningún U-Boot, sino al único isótopo de uranio
fisionable existente en la naturaleza, y del que en este compuesto
se contenían 4 kilos. La aviación japonesa había
comenzado sus investigaciones atómicas en 1941 y Tojo ordenó
la construcción de una bomba atómica en primavera
de 1943, pero según Tatsusaburo Suzuki Japón no podía
sintetizar anualmente más de un miligramo de Uranio. El capturado
en el U 234, bajo la supervisión personal de Julius Robert
Oppenheimer, fue transportado a la fábrica atómica
atómica de Oak Ridge. Aún hoy día no se ha
desvelado si este Uranio formó parte de los 60 kilos arrojados
el 6 de agosto de 1945 sobre Hiroshima, de la bomba que explotó
tres días más tarde en Nagasaki o de "Trinity",
la bomba que previamente, el 16 de julio, explotó en el desierto
de Nuevo México. De lo que no cabe duda es de que éste
-y no los fantásticos cargamentos de oro, joyas u obras de
arte que algunos imaginan- fue el cargamento más valioso
transportado por un submarino alemán.
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