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El hundimiento del
Peleus
El 13 de marzo de
1944, el U 852 (IXD2, Kl Heinz-Wilhelm Eck) hundió, de camino
a su zona de operaciones en el golfo de Adén, al mercante
griego Peleus (4.700 TRB). Antes de salir de Kiel (18 de
enero) en su primer viaje como comandante, Eck recibió órdenes
estrictas de emerger sólo de noche y vigilar particularmente
frente al peligro de la aviación entre la isla Ascensión
y Freetown. Eck había
pasado el ecuador el 13 de marzo, y se encontraba por tanto entre
Ascensión y Freetown la tarde en que hundió al Peleus.
Tras interrogar al 3er oficial y a un marinero del barco, los devolvió
al mar, donde los náufragos trataban de unir entre sí
dos balsas de rescate de madera. Pasado un rato, en vez de alejarse,
el U 852 se acercó a los restos del barco y los náufragos
declararon que alguien -Eck o su LI Lenz- les pidió que acercaran
las balsas al U-Boot. Entonces Eck abrió fuego de ametralladoras,
cañones y bombas de mano, durante cinco horas, para después
retirarse.
Eck explicó posteriormente que había tratado de hundir
los restos del barco (a sabiendas de que los náufragos morirían,
pero sin que éstos fueran el blanco), por el miedo a que
éstos delataran su presencia ante la aviación. El
que no se diera cuenta de que, por mucho que disparara, sería
imposible hundir balsas de madera, denotaba cuando menos falta de
experiencia: si quería huír de la aviación
lo mejor era desaparecer enseguida y no perder buena parte de la
noche en esa inútil operación. A sus tripulantes -pensando
en los náufragos, pero sin mencionarlos- les dijo que se
acordaran de las mujeres y niños alemanes víctimas
de los bombardeos: un argumento que utilizó Dönitz al
dar la orden Triton Null (Laconia) al decir que en
la guerra había que ser duros.
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