|
El comienzo de las
hostilidades: "trabajar, cumplir con su deber"
Al estallar
la guerra, los buques de superficie de la Kriegsmarine
suponían la décima parte de los de las armadas de
Gran Bretaña y Francia. Los galos tenían 70 submarinos
"de altamar" (medios o pesados), los ingleses 50 y los
alemanes 27. Victor Oehrn testimonia que, al enterarse del comienzo
de la guerra, Dönitz comentó: "¡Dios mío!
Así que otra vez guerra contra Inglaterra". Luego, se
marchó de la habitación para volver "transformado"
a la media hora: Conocemos a nuestro enemigo. Hoy tenemos armas
y una jefatura con que hacerle frente. La guerra durará
mucho.
Pero si cada uno cumple con su deber, la ganaremos. Ahora, a trabajar".

El mismo día 3 de septiembre en que fue nombrado Primer Lord
del Almirantazgo, Winston Churchill ordenó que el comercio
naval se organizara en convoyes, convencido de que la principal
amenaza no sería la flota alemana, sino sus submarinos: preveía
que, en nueve meses (verano de 1940), entre 200 y 300 submarinos
alemanes atacarían a Gran Bretaña y que el sistema
de convoyes, con las restricciones al tráfico que implicaba,
provocaría una disminución de un tercio en las importaciones
británicas. Ambas afirmaciones era exageradas.

La guerra submarina comenzó con un grave desatino: el hundimiento
del buque de pasajeros Athenia (118 muertos, 28 norteamericanos)
el 3 de septiembre por Fritz-Julius Lemp (U 30, tipo VIIA): el comandante
dijo haberlo tomado por un transporte de tropas, aunque parece absurdo
imaginar que los ingleses mandaran tropas, el primer día
de la guerra, al otro lado del Atlántico.
Dönitz necesitaba la guerra total para hundir mayor tonelaje,
y la consideraba justificada, ya que, en el Manual de defensa
de la marina comercial de 1938, el Almirantazgo británico
había ordenado que los mercantes comunicaran por radio a
la Armada la posición de los submarinos que avistaran; algo
que contradecía los términos del último convenio
sobre guerra submarina
(1936). Desde el comienzo de la guerra, los británicos establecieron
que los barcos atacados por U-Boote emitieran una señal de
socorro especial (SSS en vez de SOS), comenzaron a armar a sus mercantes
(el U 38 fue atacado por artillería desde un mercante el
6 de septiembre: ese mismo día los británicos pusieron
en marcha los primeros convoyes) y desde el 1 de octubre les ordenaron
que tratasen de hundir a los submarinos por colisión.

El 14 de septiembre, los alemanes perdieron por primera vez un submarino:
el U 39 (tipo IX, sus 44 tripulantes fueron capturados), que acababa
de lanzar tres fallidos torpedos con espoleta magnética contra
el portaaviones Ark Royal: no fue,pues, un éxito de
la ASW británica, ya que fue el U-Boot quien "encontró"
al grupo antisubmarino, y no viceversa.
El día 20, por primera vez dos destructores dieron caza y
hundieron gracias al ASDIC a un submarino que
había hundido dos pequeños barcos al este de Escocia:
era el U 27 (tipo VIIA), cuyos 38 tripulantes fueron capturados.
Al regresar a puerto Lemp el día 27, no quedaba ningún
U-Boot en el Atlántico, adonde había mandado Dönitz
a todos los disponibles antes del comienzo de la guerra. El día
28, Hitler visitaba al jefe de la U-Bootswaffe en Sengwarden, y
Dönitz le explicó -por primera vez en un encuentro personal-
que para responder a la concentración de barcos en los convoyes
con una concentración de submarinos necesitaba "por
lo menos 300 U-Boote".
PARA
LEER EL TEXTO COMPLETO
|