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Las concepciones estratégicas
y tácticas de Dönitz:
guerra total y "manadas
de lobos"
Resumamos las diferentes
concepciones estratégicas de Dönitz, del OKM (Raeder)
y de Hitler: tanto Dönitz como el OKM partían del presupuesto
(inconfesado) de que su principal enemigo era Inglaterra. En sus
"memorias", Dönitz asegura que esto nunca fue aceptado
"por nuestra dirección política y por el Estado
Mayor del Ejército"
(OKW), imbuidos de concepciones "continentales" (p. 306-7).
Además, para Dönitz, Inglaterra entró en la guerra
porque Alemania "era una amenaza para sus intereses" -afirmación
que apoya con una cita del historiador británico Fuller-,
aunque los "angloamericanos" (de nuevo es interesante
ver cómo cita a los Estados Unidos entre las causas de la
guerra, sin que ello le lleve a sopesar su potencia industrial y
militar) proclamaran sólo "el fin moral de la cruzada
contra el nacionalsocialismo, que no era el principal" (p.
304-5). Tanto el OKM como Hitler querían dominar los mares,
construyendo barcos con mayor desplazamiento que los ingleses. Raeder
no quería la guerra contra Gran Bretaña; Hitler al
menos no la quería antes de lograr la superioridad para su
flota de superficie: su prioridad era liquidar Checoslovaquia y
emprender la guerra contra la URSS. Dönitz discrepaba del OKM
y de Hitler no sólo por considerar como necesaria (en el
sentido de "algo inminente que iba a suceder") la guerra
con los ingleses, sino sobre todo por creer que los submarinos podían
ganarla. Par a él la guerra en el mar es esencialmente agresión
(destruir el tráfico marítimo y forzar al enemigo
a rendirse) y los U-Boote son un arma ofensiva.
El acuerdo angloalemán permitía construir 48 submarinos,
y exigía ajustarse al derecho de presa. En mayo de 1938,
al fracasar su primer
intento de apoderarse de los Sudetes, Hitler pidió a Raeder
que contemplara la hipótesis de una guerra con Gran Bretaña.
Raeder transgredió entonces el acuerdo con los británicos,
encargando submarinos por un desplazamiento superior al permitido.
El 31 de octubre de 1938, recibió del OKM el "Plan Z",
donde se preveía la construcción hasta 1948 de 10
acorazados (6 de la clase "H" con más de 56.000
toneladas) y 4 portaaviones, pero también de 249 U-Boote:
60 ligeros, 100
medios, 62 pesados y 27 "submarinos-cruceros"
con desplazamiento superior a las 1.000 toneladas (Dönitz habla
en sus "memorias" de "sólo 233 U-Boote",
p. 43). En diciembre, al darse cuenta los británicos de que
los alemanes transgredían el acuerdo mutuo, comenzaron a
mejorar sus sistemas ASW. El 27 de enero de 1939, Hitler daba absoluta
prioridad al "Plan Z", señalando como fecha límite
para su ejecución el año 1945. El 28 de abril de 1939,
Alemania denunciaba el acuerdo naval con Gran Bretaña, después
de que ésta no aceptara la desaparición de Checoslovaquia
-el 15 de marzo, dia de su entrada en Praga, fue probablemente el
último que Hitler calificó como "el más
feliz de mi vida"- y se sumara a los franceses en su apoyo
a Polonia. Todavía el 22 de julio, tras conversar con Hitler
en unas maniobras en Swinemünde, Raeder comunicaba a los
ofici ales
del arma submarina que no debían temer una guerra contra
Inglaterra, ya que eso sería, en palabras del Führer,
el finis Germaniae. Esta expresión que ya conocemos
la había utilizado Ludwig Beck al dimitir como jefe del OKW,
el 18 de agosto del 1938, asegurando que los planes de Hitler "conducirán
a una guerra mundial que significará el finis Germaniae".
Dönitz estaba, pues, más convencido que otros militares
de que habría guerra con Gran Bretaña, y más
convencido que Hitler de que podría ganarse.
En el invierno de 1938 a 1939, con motivo de un viaje de la flota
a Portugal, por primera vez habían podido simular 15 U-Boote
(organizados en 4 grupos) en el Atlántico el ataque conjunto
a un convoy británico (hasta entonces les estaba prohibido,
para evitar "provocaciones"): el convoy lo formaban dos
"mercantes" más un escolta, y 13 U-Boote llegaron
a ponerse "a tiro". Los responsables del OKM no dieron
valor a estas maniobras (los alemanes carecían de las medidas
antisubmarinas que tenían los ingleses, y los U-Boote utilizaron
"abusivamente" la radio): "la guerra comercial submarina
contra Gran Bretaña no tiene hoy para Alemania ninguna perspectiva
de éxito" mientras no se anule el sonar. Además,
antes de arriesgar los U-B oote había que garantizar una intensa
colaboración de la Luftwaffe. El autor del informe era Werner
Fürbringen, que había sido oficial de dos submarinos
y comandante de otros siete, con los que hundió 98 barcos
-93.446 TRB- durante la primera guerra mundial. Dönitz rechazó
las críticas en una réplica (13 de abril de 1939)
que envió a Raeder para que se la transmitiera a Hitler:
todo un atrevimiento en alguien que sólo tenía el
grado de comodoro. La falta de apoyo aéreo y el uso de la
radio no eran peligros insalvables, ya que los U-Boote actuarían
fuera del margen de autonomía de los aviones con base en
Inglaterra. Los submarinos "no son inmunes" al ASDIC,
pero este problema se resolverá con el tiempo. Para lograr
el éxito en la "guerra comercial" debían
estar presentes en los mares 90 U-Boote (para ello había
que construir 300, ya que preveía que sólo un tercio
se hallaría en su zona de operaciones, otro tercio estaría
yendo o regresando, y el otro reparando o repostando en puerto).
Esta cifra "mágica" de Dönitz -resumida normalmente
en 100 submarinos en patrulla- es el único argumento del
informe que el almirante menciona en sus "memorias". Aparecerá
en algunos casos asociadas a la idea de hundir un millón
de TRB mensuales, con lo que la flota mercante británica,
de más de 17 millones de TRB, podría liquidarse en
año y medio.
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