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Dönitz, jefe de
la nueva arma submarina alemana
Raeder eligió
en 1935 como jefe del arma submarina a Karl
Dönitz, que durante la primera guerra mundial fue oficial en
el U 39 (que hundió 32 barcos) a las órdenes del Kl
Walter Forstmann y comandante del UC 25 y del UB 68. El por qué
lo eligió, habiendo una cincuentena de oficiales ex-submarinistas
con rango igual o superior al suyo, es de difícil explicación.
Es posible que tenga que ver con la buena impresión mutua
que Hitler y Dönitz se produjeron en su primer encuentro, el
2 de noviembre de 1934. Inicialmente, Dönitz amoldó
sus opiniones a las de quienes no querían pensar en una guerra
contra Gran Bretaña, sino más bien contra Francia,
Polonia o la URSS. Así, en un informe sobre la organización
del arma submarina escribía el 21 de septiembre de 1935:
"en una guerra contra un enemigo que no depende vitalmente
del tráfico marítimo, la tarea de nuestros U-Boote,
en contraste con el caso de la guerra mundial, no será la
guerra comercial, para la que el U-Boot es poco adecuado, dada su
escasa velocidad. El U-Boot se s ituará
de forma estacionaria, a ser posible cerca de los puertos enemigos,
en el punto neurálgico de su tráfico marítimo".
Dönitz parecía
seguir la doctrina inglesa, según la cual el submarino era
un arma estática que sólo en determinadas condiciones
podía aprovechar la sorpresa y atacar a los buques de guerra
enemigos. No obstante, es de notar su anclaje en la idea de que
el blanco del arma submarina es el tráfico marítimo.
El
texto citado por tanto no renuncia a la guerra comercial, sino que
la limita a los puertos (quizá por contar con pocos U-Boote),
partiendo del presupuesto de que no habría guerra contra
los ingleses. En el libro que Dönitz publicó en enero
de 1939, titulado Die U-Bootswaffe (el arma submarina) esta
guerra ya no se limita a los puertos, por lo que hay que concluir
que quien ahora está en el punto de mira es un enemigo que
sí "depende vitalmente del tráfico marino",
es decir, Gran Bretaña. Ya en el prólogo, afirmará
que el fin de la guerra es imponer las propias exigencias al enemigo
"mediante la amenaza o destrucción de sus principales
condiciones vitales". Más adelante, concreta que "el
auténtico propósito de la guerra en el mar es la destrucción
del tráfico enemigo, el ataque a sus comunicaciones marítimas".
Tras explicar la importancia del comandante en un submarino ("sólo
él ve; nadie puede dar consejos al comandante sobre el mando;
quien no tiene fortaleza de carácter y conocimiento"
no puede ser comandante), Dönitz resume la esencia de la eficacia
del U-Boot en la "invisibilidad", que le garantiza la
ventaja de la sorpresa. De esta forma, el arma submarina puede invertir
las leyes sobre el dominio de los mares.
En esta "indiscreta" obra que los ingleses parecen no
haber leído hasta 1942, Dönitz afirma (citando a Lord
Jellicoe) que entre enero y agosto de 1917 los U-Boote alemanes
tuvieron el dominio de los mares y que su "omnipresencia"
obligó a organizar el tráfico marítimo en convoyes
(como veremos, no saca consecuencias sobre la eficacia de esta medida).
"En cuanto atacante, el U-Boot elige el momento oportuno"
-colocándose perpendicularmente delante de la trayectoria
del barco al que ataca y lo más cerca posible-, continúa
Dönitz, para quien los puntos flacos del submarino "no
afectan en absoluto a la eficacia de su omnipresencia".
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